Su labor como organizador de la comunidad hispana en Long Island es de larga data, desde principios de la década pasada. Ha estado en todas las luchas y es incansable en sus objetivos. Ahora, mientras la mayoría aún despierta, Osman Canales ya recorre las calles con su megáfono, persiguiendo a los agentes de ICE que realizan los arrestos matutinos.
Redacción LTH
«¡Vergüenza por arrestar trabajadores!», grita a través de su megáfono. «¡Separando familias… se están llevando a trabajadores inocentes!», agrega. Sus oyentes, los agentes de ICE.
Canales, de 36 años, un inmigrante salvadoreño naturalizado estadounidense, se ha convertido en una figura legendaria en la comunidad inmigrante de Long Island. Su rutina diaria consiste en rastrear a los agentes federales desde Riverhead, al extremo este del condado de Suffolk, hasta Glen Cove, en el norte del Condado de Nassau, confrontándolos con preguntas que buscan tocar su humanidad: «¿No tienen familias? ¿No tienen hijos? ¿Qué les van a decir a sus hijos? ¿Qué están separando familias?», les dice megáfono en mano.
Red de vigilancia comunitaria
Lo que comenzó como una iniciativa personal se ha transformado en un sistema de vigilancia comunitaria, que alcanza a cientos de seguidores. Cada mañana, aproximadamente 300 personas se conectan a sus transmisiones en vivo de Facebook, esperando su reporte sobre la actividad de ICE antes de salir a trabajar.
«Quieren saber cómo están las cosas antes de ir al trabajo», explica Canales al Newsday. Sus seguidores le envían reportes de «avistamientos» de ICE que él publica en Facebook, creando un mapa en tiempo real de las zonas a evitar.
Su trabajo incluye documentar arrestos, verificar que ICE tenga órdenes de arresto, informar a los inmigrantes sobre sus derechos y denunciar lo que considera perfilamiento racial.
Un activista «incansable»
Richard Koubek, de la Alianza de Justicia Inmigrante de Long Island, lo describe como «incansable» y alguien que «no rehúye la controversia». Para muchos, Canales se ha convertido en un héroe popular que arriesga su seguridad por la comunidad.
La historia de Canales comenzó cuando llegó de El Salvador con sus padres a los 10 años. Como estudiante en la Walt Whitman High School, fue testigo de cómo sus compañeros faltaban a clase durante las redadas de ICE, en la era de George W. Bush, un recuerdo que lo marcó profundamente.
Su vocación como defensor
Después de graduarse de la SUNY Old Westbury con estudios en política, derecho y economía —siendo el primero en su familia en obtener un título universitario—, Canales encontró su vocación como defensor de los derechos de los inmigrantes.
«Lo que estamos viviendo ahora, nunca lo había visto antes», reflexiona. «Es muy aterrador. Muchos de nosotros emigramos de nuestros países de origen buscando un lugar seguro para estar y tener un futuro.»
La escalada de la crisis
Desde que la administración Trump intensificó su campaña de deportaciones en mayo, estableciendo una meta de 3,000 arrestos diarios, la vida de Canales cambió drásticamente. Antes llenaba su tanque de gasolina una vez por semana; ahora lo hace tres veces. Sus días comienzan a las 5 de la mañana y terminan a las 8 de la noche.
«Hago esto porque lo que hemos visto es que estos son trabajadores inocentes», explicó al Newsday. «No han cometido ningún crimen. No es un crimen ser indocumentado. Es una ofensa civil. Y estas son personas que están siendo tratadas como criminales.»
Parecen como «secuestros»
Canales describe escenas que califica como «secuestros»: hombres enmascarados sin identificación, ni órdenes judiciales, que cargan inmigrantes esposados en vehículos sin marca. «No tienen debido proceso», denuncia. «No tienen orden judicial para arrestar a estas personas, y simplemente los perfilan racialmente.»
ICE, según el Newsday, ha respondido que todos los arrestados «reciben debido proceso» y niega categóricamente las acusaciones de perfilamiento racial, calificándolas de «asquerosas y categóricamente falsas». La agencia insiste en que no requiere legalmente una orden para interrogar personas en «encuentros consensuales» y puede detenerlas si existe «sospecha razonable» de que están ilegalmente en el país.
Entre admiradores y críticos
Mientras muchos lo consideran un héroe, Canales también enfrenta críticas. Barrett Psareas, vicepresidente de la Asociación Cívica del Condado de Nassau, considera que insultar a los agentes de ICE es degradante: «Creo que está haciendo un flaco favor a las fuerzas del orden. Tiene que retroceder. Ellos tienen un trabajo que hacer, igual que él siente que tiene un trabajo que hacer», dijo al Newsday.
ICE ha declarado que «respeta el derecho constitucional a protestar pacíficamente», pero critica «la demonización irresponsable de ICE por parte de activistas y funcionarios electos», advirtiendo que «acosar a oficiales de ICE o interferir mientras ejecutan su deber oficial es contra la ley».
Amenazas por su activismo
Su labor no está exenta de peligros. Canales ha recibido amenazas serias que lo han obligado a contactar a la policía, y por razones de seguridad prefiere no revelar su lugar de residencia ni trabajo. Los agentes de ICE intentan intimidarlo filmándolo de cerca, grabando su auto y placas.
El Departamento de Policía del Condado de Suffolk confirma que «los oficiales proporcionan presencia policial en las protestas que involucran a Canales para garantizar la seguridad.»
Misión que no tiene final
A pesar del agotamiento, las amenazas y los inconvenientes, Canales mantiene su determinación. «Estoy agotado, cansado, abrumado», admite, «pero no voy a parar.»
En la comunidad hispana, su reconocimiento es inmediato. Los propietarios de restaurantes le ofrecen comida gratis, y su presencia ocasionalmente logra que ICE desista de realizar arrestos.
Su trabajo refleja una realidad más amplia: «Todos están en modo pánico», describe sobre la comunidad inmigrante que vive bajo la constante amenaza de separación familiar.
Aun así, él sigue al frente en esta batalla diaria por los derechos humanos y la dignidad de los inmigrantes.